Asuntos Internos: ¿Narcoterroristas mexicanos?

Nuestra difícil relación con Estados Unidos. ¿Qué hacer ante el narcotráfico?

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El gobierno del Presidente Donald Trump, ha anunciado en días pasados su intención de declarar a los cárteles de las drogas mexicanos como grupos terroristas. Inclusive, el día 5 de diciembre pasado ha iniciado el proceso de formal de discusión del tema, acudiendo el Fiscal General americano, William Barr a entrevistarse con el Presidente Andrés Manuel López Obrador. ¿El propósito de la visita? Ponerse de acuerdo sobre el modo en que van a cooperar los dos países para enfrentar ese flagelo delincuencial. Eso representa un problema mayor para nuestro país, pues conforme a las leyes estadounidenses, ellos asumen que pueden intervenir en cualquier lugar del mundo en que se cometan delitos que les afecten y tratarlos como terroristas, al percibir una cierta incapacidad, coparticipación u omisión del gobierno extranjero para combatir los crímenes. Y México ya es visto así con su problema ante el narco.

Hablar de narcotráfico en México es remontarse a mucho tiempo atrás. Son décadas de convivencia entre dos países que comparten algo más de dos millones de kilómetros de frontera, como son ciertos rasgos culturales, comercio, economía y, desde luego, la eterna afición de uno de ellos (Estados Unidos) a las drogas y el negocio que ello le representa al otro para producírselas y suministrarlas (México). Ello, sin dejar de ver que en nuestro país las estadísticas arrojan que ya pasamos de ser un lugar meramente de paso o trasiego de drogas, a uno consumidor en alto porcentaje de la población de ciertas regiones, principalmente las fronterizas con el vecino del norte.

Una de las descripciones más conocidas del Estado en la ciencia política y derecho, es la conjugación de gobierno, población y territorio. Se dice que si en una época y zona geográfica determinada (y propia), un grupo de habitantes establecen el modo de regirse a sí mismos y que se le reconoce como independientes por el resto de la comunidad internacional, puede hablarse de que ahí hay un Estado. En el caso mexicano, nadie duda de que hay verdaderos bastiones territoriales donde los grupos del narcotráfico controlan a las fuerzas del orden, al gobierno en turno, disponen el establecimiento de contribuciones forzadas a la población y ejercen el uso pleno de la fuerza para su conveniencia. No se necesita explicar a detalle eso, pues basta recordar las imágenes de los sucesos hace unas cuantas semanas en Culiacán, Sinaloa, para recordar quién manda ahí (al igual que en infinidad de entidades federativas, como Tamaulipas, Veracruz, Michoacán, Baja California, Morelos y una muy larga lista del territorio nacional).

Así, lo que parecía ser antaño una mera excepción de lugares bajo el mando de la delincuencia organizada, comenzó a ser una regla general: el narco controla hoy en día una buena parte de la actividad económica de enormes extensiones de territorio, impone la ley que rige y decide quién va a gobernar y de qué modo va a hacerlo. Basta mirar en los últimos 25 años cuántos gobernadores de México están en la cárcel, prófugos, en procesos penales o han sido vinculados con el narco. La estrategia actual de “Abrazos y no balazos” implementada en el primer año de su sexenio por el Presidente AMLO, parece no haber caído nada bien en la Casa Blanca, pues los números fríos dicen que a pesar de esa negativa al empleo de la violencia por las fuerzas militares mexicanas, en este 2019 romperemos el récord histórico de homicidios dolosos; tendremos el más bajo nivel de decomiso de drogas de los últimos tres sexenios y, por ende, ha aumentado el trasiego de enervantes hacia EE UU.

Ese panorama nada halagador, se ha agravado con la decisión del Presidente Trump de declarar grupos terroristas a las células del narcotráfico. Ello, permitiría combatir vía sus propias fuerzas del orden los delitos en territorio nacional, lo cual sería de hacerse una afrenta grave para la soberanía azteca, según ha dicho una y otra vez AMLO en sus conferencias mañaneras. ¿Qué debemos hacer ante eso? La realidad es que el narco en México no se conforma por delincuentes que tengan como finalidad minar la estabilidad del Estado, o reivindicar luchas ideológicas o religiosas históricas, ni tampoco pretende obtener el pago de rescates a cambio de dejar de hacer daños. Nada de eso aún tenemos. La batalla a diario en las calles tiene que ver con el dominio de las plazas, de los corredores de las drogas, de los grupos de consumidores y el aniquilamiento de los rivales que hacen competencia al negocio. Criminales feroces sí, pero terroristas no.

 

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