¿Recuerdan que fue lo qué los inspiró a quererse dedicarse a la música? Álvaro: A mí me pasó algo muy chistoso. Un tío tenía una banda y ensayaban en casa de mi abuela. Yo tenía 3 años, entonces me daban una raqueta y una plumilla y según ensayaba con ellos. Después, a los 11 o 12 años vi un especial de AC/DC y al ver a Angus Young le dije a mi jefa ‘quiero ser ese güey’ y me dijo ‘va’ y me compró unos discos de AC/DC y una guitarra y ya, de allí valió todo. Joaquín: Yo vengo de una familia de músicos, desde muy chico iba a conciertos de mis tíos o mis papás. A veces se armaban jams en alguna casa, tanto mis primos como yo desde chavitos tocábamos. Después entré a una escuela de música y me hice amigo de otro cuate de mi edad que estaba comenzando a tocar la guitarra y seguimos un ratote tocando. Blas: Mi abuelo era músico, era muy exitoso y bueno para los negocios. Cuando mi papá le quiso entrar, llegó con una guitarra y mi abuela le digo que no. Entonces mi papá creció con esa frustración de no poder proyectar su lado artístico. Desde que yo creí, escuchaba con él a los grandes del rock y desde entonces, a mí se me hacían con unos alienígenas porque nunca había visto a alguien así en mi vida y los que se querían parecer no le daban. Poco a poco se fue dando todo, tomé clases de piano, de guitarra, batería. Me fui de intercambio e intenté otros instrumentos como la flauta transversal. Me fui encontrando con la guitarra y la voz, y eso me dio una idea de cómo funciona una banda.   Si tuvieran que nombran a las bandas o actos que más los han marcado y que más han impactado en su faceta como músicos, ¿cuáles serían? A: AC/DC, Incubus y Rage Against the Machine. J: Radiohead y Led Zeppelin. B: Rock clásico, Tool, Incubus y Jeff Buckley.   Ustedes (Álvaro y Blas) han hecho música juntos desde hace muchos años, pero Beta vino varios años después de que se unieran. ¿Cómo fue que nació este proyecto? A: Nació porque vivíamos en Cholula y no había nada que hacer (risas). B: Yo los fui a ver tocar en Puebla cuando estábamos en la secundaria y Álvaro tocaba con algunos chavos que iban en mi escuela y así se fueron acomodando las cosas. Es surreal pensar en cómo pasaron las cosas y todo lo que es ahora. Pudieron haber pasado dos o tres cosas muy distintas que hubieran hecho que nunca nos hubiéramos conocido. Yo lo veo como una nave espacial que sale al espacio y va desechando partes para llegar a lo que importa, al núcleo. Todos los que han formado parte del proyecto han sido parte de una transformación.   ¿Y cómo definirían la esencia de esta nave? A: Energía, todo es súper energético. B: Creo que parte de la esencia de Beta es que no somos la estructura típica de una banda que se maneja ahorita. Todos hemos estado en otros proyectos y es algo en lo que coincidimos es que a los grupos les falta esencia y humanidad, que sean algo más que música. Alrededor de la música también viene la personalidad del grupo, que es a veces igual de importante. Un gran ejemplo es Pearl Jam, es una bandota. Su música me gusta mucho, pero es más la idea de la banda, dejar a un lado el ego. Cada quien pone su granito de arena. A mí me dan libertad para las letras y las melodías.   Hace unos meses estrenaron el primer adelanto de su próxima producción discográfica. ¿Cómo surgió «Yo Fugaz»? B: Es una idea que se me ocurrió a mí en la guitarra con un rebote de delays que sucedió muy cerca a cuando terminamos el disco anterior. Una idea que fue trascendiendo a los integrantes, porque en ese tiempo cambiamos de alienación y nunca nadie le entendió o le pudo proponer algo distinto, entonces se quedó en el baúl. De pronto la sacamos a la mitad de las sesiones de composición para nuestro próximo disco y se fue armando rápido. Llegó cuando teníamos la mente en otro lugar y se volvió otra cosa, era lo que necesitábamos. Julián, además de ser un gran baterista, también es buen músico y da aportaciones muy acertadas para solucionar problemas. Para mí eso es lo más divertido de componer. La letra surgió rápido, y de allí se fue desarrollando la idea, inspirado en mi vida en la Ciudad de México. Yo me salí desde chavito de mi casa y mi mamá sigue viviendo sola en una casa para siete personas, en cambio yo he estado en lugares muy pequeños y he estado evolucionando, entonces el tema de ser fugaz y de no estar estrictamente y siempre en un mismo lugar lo apliqué a la canción. También en cuestión de las relaciones, porque yo no he podido tener una relación constante y fija, yo soy muy cambiante y de eso se trata la canción.

 

 

  Siendo una banda independiente, seguramente se han enfrentada a una gran cantidad de retos y obstáculos. ¿Cuál ha sido el más grande?  A: En un principio, venirnos a la CDMX. Salirte de tu zona de confort, ya no estar en Cholula y que ya no laven tu ropa, ya no tener todo fácil. Es difícil decidir irte a otro lugar y decir: ‘vamos a ver cómo chambeamos y cómo pagamos una renta’. Blas y yo sabíamos que teníamos un buen producto y nos gustaba lo que hacíamos, sentíamos que era muy honesto. Entonces dijimos: ‘Si queremos hacer algo de esto, tenemos que ir a donde pasan las cosas’, y así llegamos a la Ciudad de México. Fue un proceso muy chido, en lo que vas conociendo gente que se quiere unir al proyecto, como Julián, Arturo y Milo. Se va haciendo cada vez más grande el barco, y eso está chido. B: Y es difícil entrar a la sociedad de la CDMX, cuando llegas de fuera piensas que te van a recibir con los brazos abiertos y te reciben a bolillazos (risas). Cuando conocimos a Milo Froideval, que es el productor de los últimos dos discos, estábamos bien pedos y yo le dije a Álvaro: ‘Este güey va a grabar nuestro disco, ¡vas a ver!’ y fue pura garra, fuimos metiéndonos. De las cosas fuertes que nos pasan suceden cosas chingonsísimas. Más que obstáculos, las vemos como retos, una opción de crecimiento.   Julián, tú te uniste a Beta hace algunos meses. ¿Cómo se dio tu llegada a la banda y cómo funciona la dinámica hasta ahora?  J: Al principio fue raro, porque eran mis cuates y los había visto tocar un par de veces y me gustó la banda. Ya después hablé con Álvaro y le dije que armáramos una tocada. Después me encontré con Blas en un concierto de Zoé y días después le escribí para preguntarles si querían hacer una sesión en el estudio donde trabajaba. Me contó que se habían quedado sin baterista, entonces le mandé unos videos tocando las rolas, pero yo lo hacia teniendo en mente que era sólo para una tocada y ya. Tiempo después Álvaro me preguntó si les podía echar la mano con el soundcheck en un show y de la nada terminé tocando y después de eso me preguntaron si quería entrar a la banda. Se dio muy natural, nada forzado.   ¿Qué tanto se involucran en el proceso de producción de cada una de sus piezas?  J: A mí me late un buen. Yo trabajo en un estudio, e independientemente si estoy grabando o participando en el disco, me gusta proponer ideas. En el caso de este nuevo álbum… sí, el productor fue Milo, pero creo que fue un trabajo muy chido en equipo. Todos proponían cosas todo el tiempo. Las canciones que mejores ritmos y hooks tienen, y que suenan más honestas, fueron las que se dieron más rápido. Por ejemplo,  con “Yo Fugaz”, la idea estaba flotando desde hace como medio año y en un día nos agarró la inspiración y salió toda la música de la rola, ya después Blas trabajó en la letra. A mí no me gusta forzar las cosas, es mejor tomarse su tiempo y dejar que la inspiración haga lo suyo en el momento que es el adecuado.   La mayoría de los músicos prefieren tocar en vivo que estar en el estudio, aunque hay algunas excepciones. ¿Cuál es el caso con ustedes? J: A mí me gusta mucho estar en el estudio, porque paso mucho tiempo allí y ya le agarré un cariño. Pero la energía de estar sobre un escenario es muy diferente. Además, es mucho más honesto, porque en un estudio siempre estás cuidando que todo salga perfecto y en vivo, aunque hayas afinado y cuidado todo, rara vez va a salir todo perfecto. A: Nos gusta improvisar mucho, entonces cada tocada es distinta. Eso nos emociona de tocar en vivo, porque si tocáramos la misma rola 300 veces igualita, diríamos ‘¡Chale, ya!’, pero como siempre es diferente, nos gusta.   ¿Y tienen algún ritual que realicen antes de subir al escenario? A: El que la cague paga las chelas (risas). B: Abrazos, chelas y nos echamos buena vibra. No siempre tocas en las condiciones optimas, entonces nos gusta motivarnos, recordándonos que estamos en esto porque es lo que más nos gusta hacer en la vida. Y es difícil, porque hay veces que no suena bien tu monitor o el amplificador de tu guitarra está mal. Pero a fin de cuentas es como «súbete, haz lo tuyo» y queda bien. Viajamos ocho horas y tenemos una hora para hacer lo que nos gusta, te la pasas en carreteras comiendo y durmiendo mal y sólo tienes una puerta que se abre una hora para proyectar todo lo que tú eres a la gente que te haya ido a ver. Y que no importe la cantidad, que si estás frente a 20 personas, te la pases igual de bien que como si estuvieras frente a 5 mil. Beta en las buenas y Beta en las malas.   Se han presentado por todo México e incluso fuera del país. De todas sus presentaciones que han tenido hasta ahora, ¿cuál atesoran más? A: Yo, Semana de las Juventudes de 2017, el Vive Latino (2017) y el Hell & Heaven (2018). J: A mí me gustó mucho una presentación que tuvimos en Puebla, porque había mucha gente que no nos conocía y aún así se prendieron, eso estuvo muy chido. La gente que iba a vernos contagió a los demás.   Y sobre los lugares donde aún no han tocado, ¿cuál anhelan con mayor fuerza? A: A mí me gustaría que nos fuéramos hacia el sur, a Latinoamérica. Me encantaría ir a Colombia. J: Me fascinaría tocar en España. B: Jolines, tío. ¡Coño, Micky! (risas) Para mí, Sudamérica y la parte sur de Estados Unidos.   ¿Tienen en mente a algún grupo o solista con quien les gustaría sentarse a crear una canción o quizá sólo compartir el escenario? A: De bandas mexicanas me gustaría colaborar con Jumbo. B: Yo con Ely Guerra, a mí me gusta mucho. Y Eddie Vedder (risas). A y B: Paul Meany de Mutemath. ¡Estaría chingonsísimo! J: A mí me gusta mucho Illya Kuryaki.   «El rock está muerto», eso han dicho muchos íconos de los años setenta y ochenta últimamente. ¿Ustedes están de acuerdo?   J: Estaba esperando esta pregunta (risas). Considero que hay un tabú en la definición de rock. Como todo en la vida hay altos y bajos. Creo que el rock está regresando, pero transformado. Ya se rompe la barrera de los géneros. Eso está muy chido, que utilicen elementos clásicos del rock pero las canciones ya no suenan a lo que era el rock hace 20, 30 o 40 años. Es una nueva ola y está agarrando fuerza. A: Yo creo que no. La escena está creciendo mucho en México, el pedo es que no los apoyan.   B: A la gente se le olvida que el rock no es distorsión, el rock es un concepto, una actitud. El rock & roll original no tenía distorsión. La actitud del rock ha estado en todos lados, todo el tiempo. Por ejemplo, Post Malone.    Estoy de acuerdo con ustedes. La población de bandas se ha multiplicado y aunque hay más competencia, el streaming, las redes y el Internet en general pueden ayudar a que te escuchen más personas. ¿Tiene alguna recomendación musical? ¿Algún proyecto nacional que les guste? B: Los Mesorenos están chidos. A: Camiches, Joliette, Lng/sht, Say Ocean. Hay muchas bandas que están en la escena underground que lo están haciendo muy bien. J: Hay varias cosas que quizá y sean más soft, y no tanto rock, rock. Pero se están rompiendo las barreras. Y en general en la escena independiente, a los fans les gustan muchos géneros. Ya no es como antes que se casaban con un estilo de música y no escuchaban nada más. Simplemente les gusta escuchar música y ya.