Cómo Chris Martin se curó a sí mismo

Después de 20 años de liderar una de las bandas más grandes de todos los tiempos, Chris Martin decidió que estaba cansado de darle gusto a los demás –y así, llegó a un punto álgido en su carrera.

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Cortesía de Warner Music.
Escrito por Jann S. Wenner

Cuando Coldplay apareció por primera vez en nuestras páginas, Rolling Stone se preguntó: ¿La banda de brit pop se convertiría en el nuevo Radiohead, The Verve o Travis? Hoy está claro. No eran ninguno de ellos. A través de estos 20 años, Coldplay ha tallado su propio lugar en el mundo: uno en el que llena estadios y desafía géneros, manteniéndose optimista en una era de ironía. 

Posiblemente, hoy es la banda más grande del mundo –su gira de 2015, A Head Full of Dreams recolectó $523 millones de dólares, una carrera que comenzó con un set en el medio tiempo del Super Bowl acompañado de Beyoncé y Bruno Mars. Todo ese éxito causó que Chris Martin decidiera tomar un paso atrás. “Había una cierta paz”, declara en una tarde reciente en Nueva York. “Todo lo que tenemos que hacer, ahora, es seguir a nuestra musa”. El octavo álbum de Coldplay, Everyday Life no es algo que haya intentado antes. Un contemplativo disco doble que abraza el góspel, el folk e incluso el afrobeat. Martin aborda temas controversiales como el control de armas, el encarcelamiento masivo y racismo [“Trouble in Town” contiene audio de policías en Filadelfia acosando a un hombre negro], así como la paternidad [tiene dos hijos con su exesposa, Gwyneth Paltrow]. Está orgulloso del álbum, a pesar de que se siente inseguro sobre su futuro comercial. Pero esa paz es algo en lo que Martin ha estado trabajando desde que comenzó a escribir. Así es como llegó a ese punto.

¿Por qué surgió este ímpetu en ti por la música? ¿Cuándo comenzó?

 Cuando tenía 11 años, estaba en una escuela [internado] muy conservadora. Y tenía un maestro que era algo disidente. Antes me habían dicho que no tenía permiso de ser “musical”, porque no cantaba en el coro y esas cosas. Después, llegó este hombre y me dijo: “No. Todos somos musicales”. Había varios teclados en el salón y nos dijo: “Vayan a divertirse”. Algo se abrió en ese momento. Al final de la clase le dije: “Mire, esto es lo que tengo” y fue muy alentador. Fue así cuando comenzó. 

¿En ese momento? 

En ese justo momento. No supe qué hacer con eso por algunos años. No la pasaba bien en esa época, entre los 13 y 14 años. Ahí fue cuando supe: “Tengo que hacer algo por mí mismo. Sólo pasarla bien y jugar futbol no está funcionando”. 

¿No sentías que encajabas con los demás? 

Un poco, pero estaba teniendo conflictos con temas de religión y sexualidad. Estaba muy confundido, como la mayoría de los niños a esa edad. Piensas: “¿Qué está pasando?”. Y puede ser brutal. Pero eso encendió el fuego para saber que tenía que trabajar por lo que quería. 

¿A quién escuchabas?

 Tuve una educación muy extraña, dual, incluso. Por un lado, escuchaba mucha música de iglesia, porque teníamos que ir y cantar esos himnos todos los días, canciones enormes, hermosas. Pero por otro lado, me gustaba mucho James, todo el shoegaze que invadía Inglaterra a principios de los años noventa. También, The Cure. Después, me empezó a gustar U2 y R.E.M. Había un chico que iba un año arriba que yo y estaba obsesionado con el soul y el blues. 

El nuevo álbum comienza con una invocación a la iglesia, un coro góspel. A lo largo del disco hay muchas referencias religiosas. ¿Cómo era tu relación con la iglesia y con Dios al crecer?

Tuve muchas suerte de niño, porque mi mamá es de Zimbabue. Así que pude ver un lado del mundo muy diferente. Eso me hizo darme cuenta que hay muchas más cosas pasando además de lo que me sucede. Mi relación con Dios en esa época era verlo como un hombre en el cielo que tenía barba, que era lindo, pero también castigador. Si hacías algo mal, te arriesgabas a quemarte por bastante tiempo, lo que es terrorífico para un niño. Pero en el centro del miedo, también hay un gran calor que viene de los grandes profetas, Jesús incluido. Así que también me alimentaba de cosas hermosas. Por un tiempo pensaba: “La mitad de esto se siente increíble, pero la otra me da mucho miedo”. 

Compartes ese contexto con U2. Eso fue básicamente el núcleo de quiénes son como banda y cómo empezaron. Todavía hoy predican.

Cuando iba al internado, caminaba un poco chistoso. Además, era sumamente homofóbico. Pensaba: “Si soy gay, estoy completamente jodido por la eternidad”. Apenas estaba descubriendo la sexualidad. “Tal vez soy gay. No puedo serlo”. Estaba horrorizado. Estaba en una escuela con muchos compañeros muy rudos y todos me decían: “Definitivamente eres gay”. Fue muy extraño para mí por algunos años. 

¿Pensaste que eras homosexual? 

No lo sé. Sólo me decía a mí mismo: “Si sí lo soy, no puedo serlo porque está mal”. Así que eso creaba aún más caos. 

¿Te convencieron de que lo eras? 

Claro que estaba preocupado por eso. Como a los 15 años, todo este estrés paró de un día al otro: “¿Y qué si soy gay?”. 

¿Qué paró?

Ese miedo a que me molestaran. Probablemente, el leer sobre Elton John ayudó. Darme cuenta que muchos de mis héroes eran gays y que eso no es lo que importa. Eso alivió una gran presión para mí, pero al mismo tiempo me hizo cuestionarme si todo lo que estaba aprendiendo de Dios era realmente algo en lo que creía. Hoy, Dios es todo para mí. Está en todo y en todos; es amor y es el milagro en la célula de absolutamente todo. 

Has estado haciendo música comercial por casi 20 años y sólo tienes ocho álbumes de estudio. ¿Por qué te tardas tanto haciendo un disco? 

Es una gran pregunta. Siento que en todo este tiempo pude haber hecho hasta 50, pero me temo que serían peores. 

¿Eso es modestia?

 No es modestia en absoluto. Pero Rolling Stone y Coldplay tienen una historia accidentada. Tenemos una historia similar con todos los periodistas, pero lo agradecemos. Jamás quiero pensar: “Hicimos ocho piezas maestras”. Recuerdo la primera vez que llegamos a Estados Unidos, al programa SNL y leí la reseña de Rolling Stone sobre nuestro sencillo. No era buena. 

¿Qué sencillo? 

El primero,“Yellow”. Y claro que entendí que teníamos que mejorar. 

Es interesante que recuerdes eso en lugar de las otras 30 cosas buenas que hemos dicho sobre Coldplay. En 2005, los nombramos La banda del año.

Sí, muchas gracias. ¿Por qué nos toma tanto tiempo? No sé, creo que hay algo en mi cuerpo que me dice cuando algo está terminado. Y, eso sólo ha ocurrido ocho veces en mi vida. En realidad siete veces en los últimos 19 años. Porque una vez no sucedió y de todos modos lanzamos nuestro tercer LP de estudio: X&Y . 

Pero tuvo resultados fantásticos... 

Eso no es relevante. 

¿Cuál es el momento en el que sabes que ya está listo?

Si esto suena pretensioso, perdóname [pero], es como un marco para una foto. Es muy obvio el tamaño de lo que le cabe dentro. Así que, si hay 15 canciones relativamente buenas, si no caben en el marco, no son consideradas. Hay muchas canciones que no lograron el corte. Claro, no tantas como los 72 tracks que Bruce [Springsteen] lanzó. 

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