Todos recordamos a ese personaje que en los años ochenta impactó con su música, esa cara de malo con sus pelos punks rubios pero cortos y una música, que si bien tenía la potencia de las guitarras, a su vez contaba con el gancho de lo comercial que un videoclip en rotación constante y un tema en la radio te exigían.

Billy Idol, aquel chico que salió del grupo Generation X, de inmediato triunfó como solista; había irrumpido en la escena musical y pensamos que sería por un buen tiempo. Pero como todas las estrellas de la época no pudo aislarse de los escándalos, de la fama excesiva y todo lo que eso conlleva, era difícil pensar que él sería la excepción. Después de una deslumbrante presencia, su brillo comenzó a palidecer paulatinamente hasta que no supimos más de él.

Hablamos de William Albert Michael Broad, ese chico londinense que parecía que iba a comerse el mundo, pero hoy en día sigue masticándolo.

Apenas tuvimos la oportunidad de escucharlo por primera vez en nuestro país, algo que pensamos que nunca iba a suceder, pero una serie de presentaciones en las tres principales ciudades de México nos dejaron verlo finalmente. Su más reciente disco, Kings & Queens of the Underground, lo devolvió a los escenarios y le dio la confianza que requería para intentar regresar a ser una estrella.