Es difícil sobrevivir en tierras de envidias, celos, hipocresía y prejuicios. Mucho de eso surge por la competencia musical para ser escuchado. No para gustar, sino simplemente tener la oportunidad de presentar una propuesta y sembrar una semilla de crítica en la que la balanza podría irse hacia un buen gesto. Llegar no es fácil y en algunas ocasiones, hasta la moneda que gira en el aire cae con su mejor cara. Algo de esto le pasó a Rodrigo y Gabriela, que después de iniciar en grupos de rock a mediados de los años noventa en México, viajaron al extranjero hasta arroparse en Irlanda, ahí lucharon con dos guitarras acústicas y enorme talento para grabar su primer álbum homónimo en 2006. 13 años después –con cuatro discos en estudio– lanzan su esperada quinta producción con siete temas (entre ellos está su fanatismo por Pink Floyd en una gran versión a “Echoes»). Mettavolution hipnotiza por las cuerdas y golpeteos en guitarra para escuchar el volumen y ritmo construyendo compases en exquisitas melodías. No cabe duda que su experiencia y capacidad musical vuelven a sorprendernos en este renacimiento que toca nuestra conciencia para que con armonías sintamos su evolución, punto de vista de lo que viven y tal vez, dirigirse hacia un nuevo comienzo sin barreras.

 


 

 

Y más cercano, en tierras veracruzanas, se lanzó el álbum Alamo Nights de Tasha. Cuarteto con tres discos en estudio y que después de casi 10 años, regresa con 11 temas. Su sello es el rock, con pegajosos riffs, buena voz, ritmo y letras que imprimen situaciones cotidianas de cualquier joven apasionado por el amor, tristeza y problemas sociales. Rock alternativo bien estructurado, que necesita salir a explorar, como un duende que deja su terreno para refugiarse en el calor de un hogar desconocido y encontrar los brazos de la inocencia. Así, la buena música está en cualquier rincón, no tiene bardas, solamente necesita que le demos un tiempo para sorprendernos y regocijarnos.