El suéter usado por Kurt Cobain en su MTV Unplugged de Kurt Cobain fue vendido recientemente en una subasta por más de $340 mil dólares. Una cantidad asombrosa para un artículo adyacente a la música… hasta que se toma en cuenta que The Scream, una pintura del artista Gerald Scarfe y punto focal de la campaña de marketing de The Wall de Pink Floyd, vendida anteriormente por 1.85 millones de dólares, la convierte en uno de los artículos que —sin ser un instrumento— es de los más caros en la historia del rock.

The Scream se encontraba entre varios artículos de la colección personal de Scarfe que datan de la época de The Wall vendidos en 2017; pronto, el artista ofrecerá a través del San Francisco Art Exchange todo su archivo referente a este álbum, con la sorprendente cantidad de más de tres mil artículos entre los que se encuentran bocetos, pinturas, storyboards, celdas de animación, utilería para el escenario y mucho más.

«Me gustaría que fueran a un buen hogar», dice Scarfe a Rolling Stone acerca de la colección, desde su nuevo hogar en el río Támesis, a donde el artista y su esposa Jane Asher se mudaron recientemente. La reducción en el tamaño de la nueva casa, así como el increíble éxito de la venta anterior, impulsaron a Scarfe a desprenderse de su enorme archivo. Sobre esto, el creador dijo: «No quería dejar ir a The Scream, pero cuando vi el precio…»

«De ser posible, me gustaría que se mantuviera todo junto. [Los artículos] podrían terminar separados, pero lo ideal sería venderlo a un solo coleccionista que lo conserve, porque la colección incluye todos los conceptos de The Wall desde que conocí a Roger [Waters]. Notas, bocetos y demás, que luego desarrollé en bocetos más grandes. Tengo cintas; encontré rollos de cine enteros, rollos oxidados de 35 mm en mi ático que son fragmentos de película que se remontan a ‘Wish You Were Here'».

La colaboración de Scarfe con Pink Floyd comenzó cuando la banda se le acercó, después de que la BBC emitiera su película animada titulada A Long Drawn Out Trip en 1974. Scarfe recuerda que Waters le dijo a Nick Mason, baterista de Pink Floyd, «tenemos que trabajar con este tipo; está tremendamente loco. Lo necesitamos a bordo».

«Cuando vinieron a verme por primera vez, no estaba muy seguro de lo que querían, y creo que ellos tampoco sabían lo que querían», dijo Scarfe, quien creó los visuales para concierto mencionados anteriormente, así como un video animado de «Welcome to the Machine» para la gira In The Flesh de 1977.

«Siempre pensé que la animación era un arte no explorado», dice Scarfe. «¿Por qué no puede ser tomado como arte en movimiento?, ¿por qué no puede ser como Picasso y Matisse? No tiene que tratarse de animales lindos saltando por ahí todo el tiempo».

Waters y Scarfe se mantuvieron en contacto. «Jugamos mucho billar y bebimos mucha cerveza muy fuerte», y a partir de esas convivencias fue como The Wall se empezó a desarrollar. «Un día, Roger apareció en mi casa en Chelsea con las grabaciones originales», dijo Scarfe. «Hacía meses que me había dicho: ‘Un día voy a terminar esto, quiero enseñártelo todo y vamos a trabajar juntos en ello’, él prometió todo eso mientras lo escribía, porque se dio cuenta del poder que tiene la imagen junto con la música».

Trabajando a partir del paisaje sonoro y de la historia de fondo que Waters estableció, Scarfe —caricaturista político de oficio con un don para la ilustración cómica oscura— desarrolló las imágenes e icónicos personajes de The Wall. Una colección retorcida que mantendría la atención de los asistentes en los conciertos, mientras que Pink Floyd literalmente construía un muro entre ellos y el público: los martillos marchantes, el maestro de pesadilla que arroja a sus alumnos en el moledor de carne, el juez con boca de esfínter y el personaje principal, Pink, un humano sin forma que en la animación de Scarfe es arrojado como una marioneta desatada. «No podíamos solamente tener una pared en blanco», dijo el artista.

El archivo de Scarfe abarca un lapso de cinco años, que va desde la llegada de Waters a la puerta de Scarfe con los demos hasta la adaptación cinematográfica de 1982 dirigida por Alan Parker: los primeros bocetos dibujados a mano, las pinturas que aparecen en el interior de la portada del LP, storyboards, guiones cinematográficos con las ilustraciones de Scarfe, utilería de la extravagante gira The Wall, así como de la película. La colección de Scarfe también cuenta con «cinco años de recuerdos», que van desde los discos de oro de The Wall enmarcados, estatuillas, pases de backstage, una chamarra del tour hecha a la medida e inclusive objetos poco conocidos del rodaje de la película.

«Tengo las lámparas de mesa del cuarto de Bob Geldof (cantante y estrella de The Wall) que aparece en la película», dijo Scarfe. «Las lámparas de mesa estaban en venta por $5 dólares (aproximadamente $100 pesos) al final del rodaje, así que las compré». También está incluida una copia de preproducción del legendario «Black Book», un volumen de los storyboards completos y bocetos que Parker traficó por los estudios de Hollywood mientras intentaba asegurar el financiamiento para la película The Wall.

Al principio del camino de The Wall hacia los cines, la banda reclutó a Scarfe como codirector de la película, quien contaba con una visión muy diferente a la de la adaptación de 1982.

«Mi concepto incluía el espectáculo de rock en vivo, quería que saltara del escenario a la vida real», dijo Scarfe acerca de su película, que habría combinado los ya famosos conciertos de Pink Floyd de la gira The Wall con su propia animación. «Así que hice gran parte de la filmación del espectáculo. Pero me di cuenta de que no podía manejar la animación y la dirección. La otra cosa era, por supuesto, que la gente que estaba dando el dinero quería un nombre conocido, y Alan Parker [el productor original de la película] ya era conocido en Hollywood. Así que tuve que rechazarlo, pero me alegra porque estaba abrumado por la cantidad de trabajo».

 

Gran parte de las riñas creativas que se produjeron durante la creación de la película están documentadas en el libro de Scarfe The Making of Pink Floyd The Wall. Sin embargo, un punto de discrepancia que nunca surgió fue el arte para el propio álbum; aunque Scarfe creó una galería de imágenes y personajes inolvidables, Waters optó por adornar The Wall con su ya famosa portada: una pared blanca con ladrillos, cementada con tenues líneas grises.

«La idea de Roger era que siempre debía ser una pared en blanco, lo cual es muy simbólico», dijo Scarfe. «Por supuesto, la gente estaba preocupada, —’¿Se vendería?’— así que eventualmente a [Waters] se le ocurrió añadir «Pink Floyd The Wall» con mi letra en un trozo de celofán en la envoltura».

Sin embargo, dentro de la portada, a Scarfe se le dieron todas las libertades, inyectando sus ilustraciones e incluso escribió a mano todas las letras de las canciones y créditos de producción del álbum; la fuente Scarfe, su propia caligrafía —es la misma que Waters reutilizó más tarde para su LP en solitario de 1984 The Pros and Cons of Hitchhiking— es casi tan icónica como la obra misma. La mayoría de las ilustraciones finales del álbum —además de los montones de primeros diseños, collages, pinturas, acuarelas, grabados a lápiz y demás creados durante la realización del álbum— se encuentran en el archivo de Scarfe.

Cuarenta años después de The Wall, Scarfe se mantiene activo, y aunque su trabajo reciente ya no incluye martillos marchantes o molinos de carne, sigue dibujando idiotas parlantes a diario: Scarfe ha sido rejuvenecido creativamente como caricaturista político gracias a —y desafortunadamente debido a— la situación política actual en ambos lados del Atlántico, donde las caricaturas salidas de su arte en The Wall se han adueñado del poder. «Debo decir que el Sr. Trump es mi musa, todos los días dice o hace algo», dijo Scarfe. «Para todos los medios, los personajes más locos son los mejores. Aquí tenemos al primer ministro Boris Johnson, así que en cierto modo, estoy rodeado de dibujos animados vivientes. Ellos hacen el trabajo por mí».

Además, el nuevo libro de Scarfe, una retrospectiva de 565 páginas titulada Sixty Years of Being Rude, llegará este noviembre, mes que también marcará el 40 aniversario de The Wall. «La gente me ha preguntado: ¿Es la visión de Roger o la tuya?, y la respuesta es que es realmente mía, porque tenía que salir de mi mente», dice Scarfe sobre el lado visual de The Wall. «Es mi interpretación de los pensamientos de Roger. Roger es sin duda el creador de la idea porque es su historia, pero lo visual viene de mi mente y mis experiencias».