La liberación de Sam Smith

Pasó de ser ayudante de bar a rey pop del dolor. Ahora, finalmente puede sonreír.

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Sam Smith
Escrito por Patrick Doyle

Es una clara tarde tres días antes de Navidad, Sam Smith atrae miradas en el sofisticado vecindario de Knightsbridge, en Londres. Camina unos cuantos pasos detrás de su guardaespaldas, mientras se dirigen a la pintoresca calle Motcomb. “Esta es la calle de mis sueños”, dice Smith. “Esas casas son increíbles, todo está limpio, muy al estilo Dickens. Tal vez me alcance para comprar una con el cuarto álbum”.

Esta es una de las pocas veces que Smith, de 22 años, ha caminado por Londres desde que se convirtió en una de las más grandes estrellas pop en el mundo. “Hace tres meses podía caminar por aquí sin problema”, comenta. Se detiene en la esquina de Harrods, la lujosa tienda departamental a la que ha ido desde que era niño. El exterior brilla, cubierto con luces de Navidad y decoraciones extravagantes en los escaparates. “¿No es increíble?”, pregunta mientras lo observa detenidamente por un momento. “¡No tan increíble como tu voz!”, interrumpe un hombre que ha estado escuchando la conversación. Smith ríe mientras cruzamos la calle, el hombre agrega: “¡Escuché que estás sacando a Adele del negocio!”.

Comienza a caminar más rápido, dejando escapar una risa nerviosa: “¿Escuchaste lo que dijo?”. Desde que debutó el año pasado con “Stay With Me”, ha sido etiquetado como la versión masculina de Adele. Es fácil ver por qué: Ambos son ingleses con grandes voces, cantan sobre el desamor y no se ven como si hubieran sido fabricados en un laboratorio de Disney. Smith dice que Adele “es mi Michael Jackson” –ha sido su fan desde que tenía 16–, pero aclara: “Somos muy diferentes, y siento que las constantes comparaciones podrían hacerla enojar”. Agrega: “Me molesta que la gente no pueda asimilar a dos estrellas de pop cantando canciones íntimas y que no lucen como estrellas pop promedio”.

Hace unos años, Smith trabajaba como ayudante en un bar en el distrito financiero de la ciudad. En las noches de descanso, cuenta que a veces se sentaba en casa bebiendo vino para darse el valor de ir a los bares gay solo. Escribió sobre la soledad de ese tiempo en “Stay With Me”, una confesión sobre las consecuencias del sexo vacío. “Tuve muchos encuentros de una noche”, confiesa Smith. Alrededor de la misma época, Smith se enamoró de un hombre casado. Muchas de las canciones del álbum debut de Smith, In the Lonely Hour –como “I’ve Told You Now”, que cuenta sobre una vez en la que durante una borrachera se confesó con un chico que creyó le estaba coqueteando–, detallan este desamor. “Me enamoré de un hombre heterosexual el año pasado, y él no me correspondía”, dice Smith. “Me dejé llevar por mi propia mente”.

Lonely Hour se ha convertido en un éxito de los Top 10 alrededor del mundo, vendiendo más de 3.5 millones de copias. Este año, fue nominado a seis premios Grammy, incluyendo Mejor Artista Revelación y Álbum del Año. Este mes, Smith inicia su primera gira de grandes escenarios, con presentaciones agotadas desde Minnesota hasta el Madison Square Garden.

Ahora es parte de un mundo con el que soñaba: le envía mensajes a Rihanna. Cantó junto a Bono, Seal y Chris Martin en la más reciente sesión de caridad Band Aid de Bob Geldof. Fue invitado a la fiesta de cumpleaños de Taylor Swift, donde intercambió recomendaciones de restaurantes en París con Jay Z y Beyoncé. Esta noche, está un poco estresado porque no ha respondido a un correo de Elton John.

Beyoncé recientemente le dijo que su voz “era como mantequilla”. “Todos tienen en la voz un punto máximo en la que deja de ser la voz del pecho y se convierte en falsete”, comenta Jimmy Napes, co-compositor de Smith. “Pero el registro de Sam es tan ridículamente alto que es imposible de alcanzar. Lo que muchos cantan en falsete, él puede cantarlo a voz de pecho y con potencia. Es muy talentoso”.

Por ahora, Smith tiene muchas cosas planeadas para su gira por Estados Unidos. En Orlando, dice durante la cena, quiere ver el Wizarding World of Harry Potter; en Atlanta, quiere visitar Magic City, el famoso club de bailarinas exóticas. (“De hecho me siento un poco mal por las bailarinas porque soy un tanto feminista, sólo quisiera ponerles una chamarra encima”, comenta. “Pero no puedes tomar cosas como esa muy en serio”).  Actualmente tienen reservado un club llamado Skylark para la fiesta posterior a la presentación del Madison Square Garden, pero él lo está dudando. “El Boom Boom Room es muy divertido. ¡Y es gay! Ahí es donde Bayoncé y Solange se pelearon. Deberíamos ir ahí. ¡Hagámoslo!” (terminaron yendo a Skylark). Y no quiere irse de Las Vegas sin ver a algunas divas pop. “Le dicen la triple amenaza: Vas a ver a Cher, luego a Celine Dion y luego a Britney”.

“El show de Britney es malísimo”, dice un miembro del grupo. “Es deprimente”.

A Smith no le importa: “Blackout es mi álbum favorito de Britney. También me encanta Circus, siempre me digo: ‘Sí Britney pudo superar el 2007, tú puedes superar todo esto’”. De inmediato la conversación gira en torno a los Premios Grammy; él asistió el año pasado y se aburrió durante casi todo el evento. “Pero cuando Beyoncé se presentó, me estaba volviendo loco”, cuenta. Smith está seguro que perderá en la categoría de Álbum del Año contra ella este año. Sus representantes protestan: “No creo que se le pueda llamar propiamente un álbum a eso”, dice uno de ellos. “Ella lo merece mucho más que yo”, dice Smith.. “Me daría mucha vergüenza si le gano. Si lo ganara, se lo daría a ella”.

Smith creció en Great Chishill, un pequeño poblado cerca de Cambridge. La familia tomaba muchas vacaciones: viajes a Abu Dhabi para visitar a los amigos de su madre, así como a España e Italia. Su padre, entrenador personal de medio tiempo, se quedó en casa para cuidar de sus hijos. “He tenido una increíble influencia femenina en mi vida”, me cuenta Smith el siguiente día. “Mi madre y mis hermanas son mujeres fuertes”.

Cuando Smith tenía nueve años, sus padres le compraron un micrófono y un amplificador de segunda mano. Mientras su padre cocinaba la cena, Sam cantaba éxitos de John Legend, Norah Jones, Britney y Beyoncé sobre pistas grabadas. Algunas veces, cuando sus padres organizaban fiestas, llamaban a Sam para que hiciera una presentación al final de la noche. Para entonces ya tomaba clases de canto con un cantante de jazz profesional y obtuvo el papel protagónico en una versión de niños de The Rocky Horror Show. Los padres de Sam encontraron un maestro de teatro que lo llevó al West End de Londres, donde cantaba en presentaciones para niños y en musicales como South Pacific. “Fue mi primer probada de todo esto. Me volví adicto a esa sensación”.

Cerca de los 13 años, un compañero de la escuela le preguntó si era gay. “Me volteé y simplemente dije: ‘Sí’”, recuerda Smith. “Y todo cambió”. Smith dice que sus compañeros fueron en su mayoría comprensivos, y que su niñez fue feliz casi “80 por ciento del tiempo”. Al principio de su adolescencia le escribió una “intensa carta” de amor a un popular chico mayor que él. El estudiante resultó ser heterosexual, pero le escribió una larga y amable carta de regreso, diciéndole que sólo lo veía como amigo. “Me pone sentimental, de hecho”, cuenta Smith, con los ojos llenándose de lágrimas. “Él me cuidó por el resto de la escuela. Se aseguraba de defenderme si alguien se metía conmigo. Podría haberme hecho la vida imposible”.

Algunos sí le hicieron la vida miserable. Una vez tomó prestada una goma de uno de sus compañeros y vio cómo el niño la lavaba después. “Dijo: ‘No quiero compartir mi goma con un hombre gay’”, cuenta Smith. Hace una pausa. “Imbécil. Espero que esté leyendo esto”. Otra ocasión, mientras caminaba por el pueblo con su padre, alguien pasó en coche y gritó: “¡Marica!”. “Me dio mucha vergüenza que mi papá tuviera que ver eso, porque me imagino cómo debes sentirte como padre. Simplemente quieres matarlos. Siempre me sentía avergonzado por la gente que me rodeaba. Nunca me afectó realmente. Simplemente los ignoraba”. Irónicamente, el peor incidente sucedió después de que dejara su pequeña ciudad natal: Poco después de llegar a Londres, fue atacado mientras caminaba por ahí maquillado. “Me golpearon de la nada”, comenta Smith. “No fue fácil”.

Smith era fan devoto de Lady Gaga. Cuando tenía 17, falsificó una nota para sus maestros diciendo que estaba enfermo para poder formarse para la presentación del Gaga Monster Ball en la O2 Arena. “Sin Gaga, no estaría en donde estoy”, revela. Hoy por hoy, Gaga dice que saber que inspiró a Smith es “una de las experiencias más poderosas que he tenido como artista. Yo era como Sam. Todavía soy como Sam en muchos aspectos”.

Smith habló de su sexualidad durante una entrevista el verano pasado. Tal vez sea una pequeña señal de avance que el anuncio haya pasado sin pena ni gloria. De hecho la declaración de Smith sobre su sexualidad ha recibido críticas por parte de la comunidad gay: En agosto, Gawker publicó un ensayo titulado El jodido conservadurismo gay de Sam Smith, donde el autor desaprobaba muchas de las declaraciones de Smith, incluyendo la crítica a aplicaciones como Grindr y Tinder, y frases como “Tenía que cuidarme [de salir del closet], quiero que mi música sea cantada por todo el mundo”. “Su filosofía [de Smith] es, en pocas palabras, ser gay, pero no muy gay”, comenta el escritor. “No había profundidad en ninguno de esos comentarios”, dice Smith. “Soy un romántico, siento que con Grindr y Tinder, pierdes un poco el romance”, agrega. “Intento cambiar algo para la comunidad homosexual, siempre he dicho: ‘Quiero ser cantante, no quiero tener que ser un cantante gay, porque soy cantante y gay’, ¿entiendes a qué me refiero? ¿Hablas sobre ser heterosexual cada día de tu vida?”.

La vida familiar de Smith comenzó a dificultarse cuando estaba en la adolescencia. A finales de 2008, su madre perdió su trabajo. Poco después, un ejemplar del Daily Mail publicó un artículo que reportaba que su madre, Kate Cassidy, perdió su lucrativo empleo por “conducta inaceptable” al usar “tiempo y recursos” de la empresa para promover la carrera de su hijo. “No es verdad, 100 por ciento”, asegura Smith. Su madre disputó su despido en la corte. “Mi mamá todavía está enojada por eso, le dificulta encontrar trabajo”.

Poco después, las cosas empeoraron cuando la familia entera tomó unas vacaciones de fin de semana en Nueva York. Caminaban bajo el puente de Brooklyn cuando una de sus hermanas comenzó a llorar; acababa de ver a su padre enviándole mensajes a otra mujer. Ese día, sus padres les dijeron que se estaban divorciando.

Planea incluir una canción sobre esa separación en su próximo álbum. El día siguiente a nuestra cena, me deja escuchar un poco de la canción en su iPhone. “Nadie más ha escuchado esto”, aclara. “Es sólo un vistazo de qué tan personal seré con el segundo álbum”. La balada se titula “Scars”, una carta a sus padres. “¿Te gusta?”, me pregunta, apagándolo al finalizar el primer coro. “Es muy profunda, solamente la he tocado para mi familia. Lloran cada vez que lo hago”.

A los 18, Smith se mudó a Londres y comenzó a trabajar en el bar del distrito financiero. Grabó la ahora profética canción “Little Sailor”, la cual envió a Elvin Smith, un cantante que había sido telonero de Adele. La canción nunca despegó, pero Elvin se convirtió en el representante de Smith e hizo arreglos para que escribiera con Napes, un amigo compositor que ya estaba establecido. Juntos escribieron “Lay Me Down”, historia real sobre la muerte del abuelo de un conocido. Terminó en manos del dueto de dance pop Disclosure. “Asumimos que se trataba de una chica por el alto tono de su voz”, comenta Howard Lawrence de Disclosure. Reclutaron a Smith para cantar “Latch”, una canción rítmica, poco convencional, con algo de rave y acordes de jazz. Smith estaba trabajando en el bar el día que comenzaron a transmitirla en la radio. “Ambos sintonizamos la radio y la escuchamos por primera vez juntos en el teléfono”, dice Lawrence. La canción entró a las listas de popularidad en octubre de 2012 y pasó meses dentro de los 40 principales.

La mayor parte de In the Lonely Hour fue grabado en dos semanas en el mismo estudio en el que Adele grabó su álbum debut. (Smith también trabajó con dos de los co-compositores de Adele: Eg White y Fraser T. Smith).

Un día, en el  estudio del sótano de Napes durante una sesión de composición, se les habían acabado las ideas a él y a Sam. Salieron por pizza con su compañero compositor William Phillips y terminaron teniendo una franca conversación sobre la vida sexual de Smith. Los tres escribieron “Stay With Me”, grabándola un par de horas después, poniendo una base simple de pistas de tambor, piano y órgano.

Napes recuerda haberle pedido a Smith que se parara en distintas partes del estudio a diferentes distancias del micrófono, cantando las armonías del coro una y otra vez. “Lo tenía dando vueltas, y básicamente él creó un coro con sólo su voz. Cuando presionamos el botón de ‘reproducir’ y salieron todas esas voces en el coro, supimos que era mágico. Nunca habíamos experimentado nada parecido, fue un gran momento”.

La disquera intentó llevar la canción “por otras rutas, enviándosela a mucha, mucha gente”, cuenta Napes. “Pero nosotros seguíamos intentado regresar a ese mismo día. Siempre decíamos: ‘Intentemos mejorar el demo’, y lo que terminó en el álbum fue el demo”.

El lanzamiento de Smith en Estados Unidos llegó en marzo, al anotarse una aparición en Saturday Night Live. “Cuando vi la presentación en SNL, supe qué tan poderoso era este regalo”, cuenta Lady Gaga. “Estaba con mi novio preparándonos para salir de gira al día siguiente, y Sam cantó ‘Stay With Me’. Ambos tuvimos una honesta reacción bastante emotiva, recuerdo haber pensado lo extraño que era tener una reacción tan visceral ante un artista moderno”.

La mayor parte de sus vacaciones lo acompañó Jonathan Zeizel, un bailarín que Smith conoció en el set de filmación de su video “Like I Can” del año pasado. “Es increíble, un chico realmente amable, y es muy talentoso. Es el bailarín más increíble, simplemente es un chico muy dulce”. Durante el viaje, se hospedaron con la estrella pop local Ricki-Lee, fueron a bailar y también nadaron desnudos. Smith no abunda con respecto a su relación con Zeizel: “Permití que alguien se quedara en mi cama más de tres veces, es la primera vez que pasa desde hace mucho tiempo” (un par de semanas después, un representante de la disquera aclaró que ya no están juntos).

Tras un tenso ensayo, Smith se retira tras bambalinas para tomar una siesta de dos horas y se pone al corriente con un par de episodios de The Real Housewives of Atlanta. Cuando hablamos en su camerino, expresa lo nervioso que está sobre la gente. “Tienen asientos, así que espero que se pongan de pie”, dice.

Swift estaba en lo correcto: A diferencia de muchos cantantes de pop que se esfuerzan por sonar como en el álbum en sus conciertos, la voz de Smith parece monumental. La audiencia, una mezcla de chicas y parejas, parece conocer cada canción. Antes de “I’ve Told You Now”, cuenta la historia de la noche en la que se emborrachó y confesó sus sentimientos al chico heterosexual del que estaba enamorado. “¿Alguno ha estado enamorado de alguien que no le correspondía?”, pregunta, y la multitud enloquece. La sala se mantiene en silencio al cantar “Lay Me Down” acompañado solamente de un piano. Inmediatamente después, la audiencia se levanta, aplaudiendo por más de un minuto. Él retrocede un poco para disfrutarlo por un momento. Media hora más tarde, Smith toma asiento en una silla rígida sobre un piso de azulejo. “Eso fue increíble”, dice. “Me siento aliviado. El año pasado terminábamos los shows preguntándonos: ‘¿Te gustó?’, pero esta noche dijimos: ‘Te tuvo que haber encantado’”. Smith hace una pausa por un momento, recordando ese último momento en el escenario. “Me decía: ‘Soy muy feliz. Sí, realmente soy muy feliz en este momento’”.

 

 

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