En mayo de 2019 se estrenó en la Cineteca Nacional la cinta Cómprame un revolver de Julio Hernández Cordón. Antes de la primera escena, podemos leer sobre un fondo negro la siguiente leyenda: “México, sin fecha precisa. Todo, absolutamente todo, es controlado por el narcotráfico. La población ha disminuido por falta de mujeres”.

Esta obra distópica revela una verdad incómoda y es que, la realidad ha superado la ficción y ese futuro ya nos alcanzó. Desde el último mes, el foco de atención se ha tornado hacia los terribles hechos ocurridos en Aguilillas, Iguala, Culiacán, etc. donde militares, civiles y sicarios han sido asesinados a causa de una negligencia política basada en el perdón, la apatía y la sumisión. La violencia extrema y el poder de los cárteles han rebasado por mucho al gobierno; vivimos en un Estado fallido.

El Índice de Estados Frágiles del Fondo para la Paz, ubica a México en el lugar 98 de 178 en fragilidad estatal, siendo el #1 (Yemen) el más frágil y el #178 (Finlandia) el más próspero. Estamos apenas debajo de la media, sin embargo, en materia de seguridad, estamos sumamente lejos, siendo nuestro peor indicador el del “Aparato de seguridad”, con una puntuación de 8.8/10, donde 10 es una falla absoluta (el promedio mundial se encuentra en 6.7). Demasiado alto para presumir que “vamos bien”, a no ser que, como siempre, el gobierno tenga “otros datos”.

Esto nos remite a nuestra gustada sección, “El peor enemigo de AMLO, es AMLO del pasado” y por lo tanto, podemos asumir que siempre, inevitablemente, hay un tuit. El gobierno se comprometió a que, en seis meses, la inseguridad y la violencia disminuirían y, a las pruebas nos remitimos: según datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), se registraron 26 mil 629 asesinatos en los primeros 10 meses de su administración, el primer año de sexenio más violento desde 1990. Entonces, ¿para qué crear falsas expectativas sobre algo tan sensible y delicado como la tranquilidad de la gente?