El festival ha pasado por muchos cambios y etapas que lo han consagrado como el evento musical más grande de México.

POR Uriel Monterrubio

Por Álex Carranco A. y Benjamin Salcedo V.

 

Javier Martín del Campo nació en 1950 en Guadalajara, Jalisco. Un joven guitarrista que escuchaba muchas cosas. «Pero principalmente, yo siempre he dicho que si estoy hablando contigo en esté momento es gracias a The Beatles, creo que ese es el caso con todos los de nuestra generación. Cuando empezaron a hacer el cambio en Sgt. Pepper’s, lógicamente el The White Album también causó estragos en las mentes de todos, fueron básicos. Como guitarrista, era fan de Jimi Hendrix, The Rolling Stones también con Keith Richards, Eric Clapton, Jeff Beck. Antes de La Revolución tuve un proyecto como de tres meses que se llamaba The Drugstore o La Farmacia, tocábamos puro blues… Salimos de una colonia en Guadalajara que se llama Jardines del Bosque, todos nos conocemos de ahí, no teníamos equipo así que rentábamos. De pronto llegábamos con un aparato rentado a ensayar y sonaba bien feo, alguna vez una vecina hizo una fiesta y dijimos: ‘Nosotros tenemos un grupo’, todavía ni nos llamábamos La Revolución pero empezábamos a tocar algunas rolas», recuerda “El Javis». Finalmente, un 16 de septiembre, se realizó un gran ensayo, en el que estaban buscando un nombre para la banda. «Estábamos indecisos. Un amigo, Fernando Romo, dijo ‘Revolución’ y otro dijo ‘Zapata’. Todos los grupos se llamaban The Three Souls in my Mind, The Spiders… todos en inglés. Entonces rompimos con eso, ‘La Revolución’ nos cayó como anillo al dedo, y luego ‘Zapata’. Dijimos: ‘Zapata quería tierra y libertad, pues nosotros pedimos terreno y libertad para aventar nuestra música'». El tema “Nasty Sex” no estuvo inspirado en alguna tapatía precisamente, era la historia de un amigo de Javier que “tenía una chava que se iba con todos, mucha gente piensa que la cachó; pensaban que la letra era muy fuerte y si no era angelical, era fresita, porque le decíamos: ‘No te vayas con esté cuate que anda con todas y ve por el camino del Sol’, o sea, no te vayas con todos, nada más vente conmigo, ese era el mensaje», afirma Javier.

 

Javier Martín del Campo.
Foto: cortesía de Ricardo Sotelo.

 

Después tuvieron que viajar a la Ciudad de México que, según Javier, los dañó. “La compañía disquera de alguna forma nos forzó. Nosotros grabábamos para Polydor, rentamos un departamento en La Narvarte y como al año, más o menos, fue cuando Óscar Rojas (cantante) y Carlos Valle (guitarra) decidieron salirse. No aguantaron la presión y empezamos a buscar casas en las afueras del DF porque éramos chavos medio hippies, finalmente llegamos a Tepoztlán, nos encantó y el representante que teníamos nos rentó una casa durante un año, luego estuvimos cuatro años más en Cuernavaca». Hubo un concurso de una radiodifusora en Guadalajara que se llamaba Rally Internacional, donde todos los grupos grabaron algo original para presentarlo, y La Revolución de Emiliano Zapata participó con el tema «Nasty Sex», Los Spiders ingresaron con «Back». Varios grupos hicieron su propia canción. “Ese concurso lo ganamos y a los tres meses anduvimos de gira por todos lados». Por esas presentaciones en la república mexicana no pudieron estar en el Festival de Avándaro. “Ya teníamos un contrato en Monterrey ese día, no tengo una idea clara de lo que fue Avándaro. Servando, el tecladista que toca conmigo, tocó con Los Spiders y La Fachada de Piedra. Entre Los Spiders y Fachada tuvieron que hacer un grupo porque uno faltó, no alcanzó a llegar de tanto desmán que había. Entonces ahí se armó una banda. Pero dicen que el evento rebasó cualquier expectativa de los organizadores». En los años setenta, cada integrante tenía sus gustos musicales. “Tocabamos covers de Steppenwolf, nos encantaban The Byrds, Bob Dylan, lógicamente The Rolling Stones y fue la competencia con The Beatles y entonces tenías que dar partido. A mí me valía madre, de pronto me gustaba uno más y de pronto el otro. De México éramos fans de Los Spiders, también de La Fachada de Piedra. Nos gustaba un gran guitarrista que se llama Tony Baker, él fue el maestro de muchos por acá. Desde luego teníamos conocimiento de nuestro Bátiz, nuestro gran maestro, yo era fan total, sigo siendo fan de Javier Bátiz». Después de esto, La Revolución grabó algunos discos, pero ante la falta de oportunidad en el rock y la necesidad de seguir, dieron un giro a su estilo musical. “Realmente, en 1994 fue cuando decidí que la onda de las baladas ya era suficiente, ya estaba cansado. Traía muchos proyectos, hacía mucha música para televisión, publicidad y todo eso. Estuve dos años muy clavado en mi estudio, hasta que decidí rehacer el grupo otra vez. La magia de la primera Revolución de Emiliano Zapata es insuplantable, no creo que se pueda volver a repetir algo así. Sí nos hemos juntado y no tenemos ninguna bronca, pero cada quien va por su camino. Estoy muy a gusto con la banda que tenemos actualmente (desde 1997), roqueamos muy sabroso y pues ahí vamos, queremos que la gente sepa que no es un grupo del recuerdo, sino que vean que seguimos inventando a diario algo. El baterista, Daniel Kitroser, es el que menos tiempo tiene, lleva 10 años conmigo. Con esa banda grabamos un disco hace poco, en el 2009. También grabamos una nueva versión de “Shit City (Ciudad perdida)” y una versión más roquera de “Mi forma de sentir”, que fue un éxito en la onda de las baladas. Lógicamente no teníamos una compañía disquera, nosotros lo producimos. Sí me apoyó una compañía disquera independiente de Guadalajara pero no tuvo gran repercusión. Hay una cosa que La Revolución siempre tuvo y yo siempre he tratado de mantener, que es a la hora de estar en vivo hay que aventar el mil por ciento adelante, con toda la vibra a la hora de tocar en vivo. Está banda es lo que tiene, es un grupo de rock básico, se ve la evolución a través de los años, somos mucho mejores ejecutantes», finaliza Javier.

 

*Artículo extraído del especial Rock latino: los años setenta (30 de junio de 2014).

 

 

Un merecido documental Para rendir un tributo a esta gran banda que ha marcado la historia del rock latino, se ha realizado el documental La Revo: Sing a Song of Love… ópera prima del director tapatío, José Leos, quien hizo mancuerna con el productor Ricardo Sotelo. Este trabajo audiovisual se proyectará como parte de los estrenos de la actual edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara este 14 de marzo a las 20:00 hrs. en la Cineteca FICG, sala Guillermo del Toro (8 pm) y el viernes 15 de marzo en la Cineteca, sala Cineforo (6 pm). La Revo: Sing a Song of Love… estará presente en otros festivales en la república mexicana y será exhibido en importantes festivales internacionales. Mira el tráiler de La Revo. Sing a Song of Love…: