La trágica rapsodia de Queen

Dramático, brillante, excesivo y condenado. Jamás ha existido otra banda como Queen, ni otro intérprete como Freddie Mercury.

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Escrito por Mikal Gilmore

Extraído de RS134, julio 2014

Fue un renacimiento totalmente inesperado. Desde el momento en que Freddie Mercury y los otros miembros de Queen –el guitarrista Brian May, el baterista Roger Taylor y el bajista John Deacon– tomaron el escenario en el Wembley Stadium de Londres el 13 de julio de 1985 durante el histórico concierto Live Aid, el grupo se impuso. Mercury comenzó por sentarse al piano, tocando la extraña y hermosa “Bohemian Rhapsody”, con un público de 72 mil cantando las letras como si hubieran esperado todo el día por ese momento. Las cosas aumentaron en proporción desde ahí. Mercury tomó el micrófono mientras la banda daba paso a “Radio Ga Ga”, y la multitud respondió aplaudiendo y levantando los puños, al tiempo que el cantante los guiaba con su magnífico rugir. Algunas personas encontraron la oleada de gente un tanto aterradora: Tanto poder azuzado por una sola banda y una sola voz.

"Radio Ga Ga"

Hoy se cumplen 35 años del lanzamiento de "Radio Ga Ga", una de las canciones más emblemáticas de Queen.

Posted by Rolling Stone México on Wednesday, January 23, 2019

Que Queen se convirtiese en algo tan grande resultó una sorpresa para casi todos. Parecía haber hecho de todo. Tras su épico álbum de 1975, A Night at the Opera, habían acumulado hit tras hit en un rango estilístico por demás amplio: Desde el pop barroco hasta el hard rock, disco, rockabilly y funk. Para mediados de los años ochenta, su destino cambió, en parte porque muchos fans tenían problemas aceptando la presunta homosexualidad de Mercury. Pero la aparición en Live Aid evidenció todo lo extraordinario de Queen, su virtuosismo, su dominio del escenario… y dejó al público queriendo más. Años después, diría May: “Todo se lo debíamos a Freddie. El resto de nosotros tocábamos bien, pero Freddie lo llevó a otro nivel”.

Hoy, a casi 23 años de la muerte de Freddie Mercury a causa de bronconeumonía (consecuencia del SIDA), el legado de Queen como una de las más grandes y controversiales bandas de rock todavía es inseparable de su figura. Queen comienza y termina con Freddie Mercury. Él encarnaba la identidad de la banda, sus triunfos y fracasos. Pero en un inicio, Freddie Mercury no existía.

Su nombre era Farrokh Bulsara, y nació el 9 de septiembre de 1946 en el protectorado británico de Zanzíbar, en la costa este de África, en el seno de una familia parsi que practicaba el zoroastrismo, una de las religiones monoteístas más antiguas del mundo. Su padre, Bomi, era funcionario del gobierno británico, lo cual significaba que los Bulsara vivían en una especie de privilegio cultural. En 1954, cuando Farrokh tenía ocho años, sus padres lo mandaron a estudiar a la St. Peter’s Church of England School, en Panchgani, India. A 241 km de Mumbai, la escuela había sido considerada como el mejor internado masculino en esa parte del mundo. Farrokh era terriblemente tímido e inseguro por sus grandes dientes superiores, lo cual le ganó el apodo de “Bucky”. (Sería inseguro al respecto por el resto de sus días, cubriendo su boca con la mano cuando sonreía. Al mismo tiempo, se dio cuenta que su prognatismo –causado por cuatro muelas extra– bien pudo haber sido su mayor bendición, dándole a su voz una característica resonancia).

Muchos recuerdan a Farrokh como un chico solitario. “Aprendí a cuidarme solo”, dijo él años después. Cuando algunos profesores comenzaron a llamarle Freddie como muestra de afecto, él adoptó el nombre inmediatamente. También cultivó sus propios gustos. Su familia lo había iniciado en la ópera, pero también gustaba del ruidoso rock & roll pianístico de Little Richard y el virtuoso R&B de Fats Domino.

 

En 1958 formó una banda, The Hectics, con otros estudiantes de St. Peter’s. En Freddie Mercury: The Definitive Biography, una estudiante de una escuela de chicas, Gita Choksi, declara que cuando estaba en escena, Freddie no era un chico tímido: “Era un intérprete extravagante”, comenta.

Algunos de sus compañeros pensaban que a Farrokh le gustaba Gita, pero ella dijo que nunca estuvo consciente de ello. Otros pensaban que era evidente que Farrokh era gay. Janet Smith, quien ahora enseña en una escuela femenina, recuerda: “Era aceptado que Freddie fuera homosexual mientras estudió aquí. Normalmente hubiera sido controversial. Pero, de alguna manera, con Freddie no era así”.

En 1963, Freddie regresó a Zanzíbar con su familia. El protectorado británico finalizó, y en 1964 revoluciones y matanzas se desataron en la isla, por lo cual los Bulsara se mudaron a Middlesex, cerca de Londres. Freddie comenzó a cambiar de maneras que nadie entendía. “Era rebelde y mis padres lo odiaban”, declaró para Rolling Stone en 1981. “Me cansé de vivir con mis padres. Quería ser mi propio jefe”. Cualquiera que fuere el pasado que Freddie Bulsara dejó en Zanzíbar e India, quiso hablar de ello. Llegó a Londres justo a tiempo para los vibrantes años sesenta, el tiempo de The Beatles y The Rolling Stones. La vida se abría ante sus ojos, y él estaba dispuesto a vivir cada momento al máximo.

Como Bulsara, los otros dos fundadores de Queen, Brian May y Roger Taylor, asistían a colegios de Londres a finales de los años sesenta. May y un amigo, el bajista Tim Staffell, tocaban en una banda de covers llamada 1984 cuando ambos se enfilaban hacia la universidad. May asistió al Imperial College, donde estudió matemáticas, física y astronomía; en 1968, él y Staffell comenzaron una nueva banda, Smile. Pusieron una nota en un pizarrón del Imperial College buscando un baterista que pudiera sonar como Ginger Baker y Mitch Mitchell. Taylor, quien se preparaba para una carrera como dentista pero detestaba estudiar, contestó al anuncio. Taylor era bien parecido, un poco escandaloso, y podía lograr lo que Smile buscaba: Un espacioso sonido a lo Keith Moon. Además, tenía un instintivo sentido de la tonalidad. Smile estaba completa.

Staffell también compartía intereses musicales con Freddie Bulsara, con quien asistía al Ealing College of Art. Para ese momento, Bulsara era menos reservado. Tenía cabello largo, era exótico y bien parecido, incluso peligroso en su sinuosa manera de moverse. Staffell le presentó a Taylor a Bulsara a inicios de 1969. Bulsara le pareció un tanto peculiar –se pintaba las uñas de negro, era un tanto afeminado– pero entrañable. Podía también ser imperioso. Bulsara había estado en un par de grupos durante ese periodo. Le gustaba cantar blues, pero sus influencias eran mucho más amplias: Las creaciones del compositor británico Noel Coward; la instrumentación de Chopin y Mozart; la voz de Dick Powell, Ruby Keeler, Robert Plant y Aretha Franklin; y la teatralidad de dos de sus estrellas favoritas, Jimi Hendrix y Liza Minnelli. Después de conocer a Smile, su ambición era convertirse en el vocalista de la banda. En algunas ocasiones, durante las presentaciones de Smile, gritaba: “Si yo fuera su vocalista, les enseñaría cómo se hace”. A inicios de 1970, Staffell anunció que dejaría a Smile. May, Taylor y Bulsara compartían apartamento en ese tiempo.

Los otros sabían que Bulsara era un hábil y estudiado pianista, además de que se perfilaba para convertirse en un cantante excepcional. Así que en abril de 1970, los tres formaron una banda nueva. Pasaron por un puñado de bajistas antes de conocer a John Deacon a inicios de 1971. Deacon era otro estudiante ejemplar (tenía una maestría en acústica y tecnologías de vibración) y la banda lo vio como alguien extremadamente reservado. Pero aprendió rápidamente, y en su audición “no perdió ni una sola nota”, en palabras del propio músico. Fue contratado inmediatamente.

De inmediato, Bulsara persuadió a los otros para vestirse de modo más dramático y elegante. También insistió en que había encontrado el nombre perfecto para la banda: Queen. “Es tan aristocrático”, dijo. “Era un nombre fuerte, muy universal e inmediato”, agregó años después. “Tenía gran potencial visual e incitaba a todo tipo de interpretaciones”.

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Y, crucialmente, el líder de Queen ya no era Freddie Bulsara. Era ahora Freddie Mercury – el nuevo nombre hacía referencia al mensajero de los dioses romanos. “Creo que cambiar su nombre representó asumir un papel distinto”, dijo May en un documental de 2000. “Bulsara aún estaba ahí, pero para el público él sería un personaje diferente, un dios”.

Durante los primeros años de la banda, circulaba la leyenda de que los músicos habían pasado un año o dos trazando estrategias para su éxito, incluso cuando nadie había escuchado la música. Fue una imagen de la cual Queen no pudo escapar durante la mayor parte de su carrera. Para Mercury, no había marcha atrás. “Si íbamos a abandonar los otros intereses para enfocarnos al rock”, diría después May, “no íbamos a conformarnos con cualquier cosa”.

Para el momento en que el grupo lanzó su debut, Queen, en julio de 1973, el material ya se sentía añejo para sus miembros. Mercury creía que las canciones cuidadosamente creadas con fuertes y precisas melodías eran lo suficientemente radicales; si querías que la gente escuchara trabajo, debías ofrecer presentaciones memorables. También convenció a los otros de que la imagen de una banda –la manera de vestirse, el modo en que el vocalista se movía y tomaba el escenario– era igualmente importante. Con sus uñas negras y trajes de arlequín, Mercury se regodeaba en el esplendor andrógino. Estos atributos parecían similares a los estilos forjados por David Bowie, T. Rex, Roxy Music y Mott the Hoople, lo cual era una de sus preocupaciones. “Estábamos en el glam rock antes de The Sweet y Bowie”, dijo May en esos tiempos, “y ahora estamos preocupados de haber llegado demasiado tarde”.

El año siguiente, el suntuoso sonido de Queen II y el acercamiento más agresivo e impetuoso de Sheer Heart Attack delinearon el terreno para el extravagante y complejo sonido que caracterizó el primer periodo triunfal de Queen.

Sin embargo, sobre el escenario Mercury era el foco de atención. La prensa británica detestaba sus dramáticos movimientos, pero estaba construyendo un lazo poderoso y poco común entre la banda y su público. “Debes entender”, le dijo en alguna ocasión a otro cantante, “que mi voz proviene de la energía de la audiencia. Entre mejores sean ellos, mejor soy yo”.

Al grabar su cuarto disco, A Night at the Opera de 1975, Queen sintió que había llegado su momento. Mercury tenía ideas para un tema brutalmente épico. El productor Roy Thomas Baker, quien había trabajado con Queen hasta ese momento, ha contado la historia de la primera vez que escuchó “Bohemian Rhapsody”: “Freddie estaba en su apartamento y dijo: ‘Tengo una idea para una canción’. Así que comenzó a tocarla en el piano… Entonces paró de manera súbita y dijo. ‘Ahora, cariño, ésta es la parte en que entra la sección de opereta’”. Desde la sección baladística de entrada, la canción se levantaba en forma de opereta, para después convertirse en machacante rock & roll y, finalmente, volver a ser una balada. Dijo May: “Era el bebé [de Freddie].” Queen y Baker trabajaron sobre la canción durante semanas.  La banda hizo overdubs a numerosas partes vocales para esta canción, creando su famoso sonido coral. En un punto, tenían tantos tracks en la cinta que ésta se desgastó a tal grado que otra grabación les hubiera hecho perder el material.

La banda quería que el tema fuera el primer sencillo de A Night at the Opera. El manager de Queen en ese momento, John Reid, dijo que eso no era posible sin editar el track de casi seis minutos. Deacon se sentía de la misma manera, pero Taylor y May compartían la visión de Mercury. Todas las dudas se disiparon cuando Mercury y Taylor le presentaron la grabación terminada a Kenny Everett, DJ de la BBC. “Va a ser Número Uno por siglos”, dijo Everett. Con el tiempo, “Bohemian Rhapsody” se convirtió en el primer sencillo de Queen en Inglaterra, y llegó al Top 10 en Estados Unidos. En los años posteriores, la canción se encontró, invariablemente, encabezando las listas de las mejores y peores canciones. Eso nunca afectó a Mercury. “Mucha gente descalificó ‘Bohemian Rhapsody’”, dijo, “¿pero con qué puedes compararla?”.

Mercury no tenía paciencia con aquéllos que le preguntaban sobre el significado de las canciones. “Que se vayan al carajo, cariño”, dijo. “No diré más de lo que un poeta decente diría si te atrevieras a pedirle que analizara su trabajo”. “Lo que Freddie escribía era tan líricamente ambiguo”, dijo May más tarde. “Pero podías deducirlo, muchos de sus pensamientos íntimos estaban ahí”. Así las cosas, “Rhapsody” bien podía tener la llave hacia la vida secreta de Mercury.

Mercury guardaba sus secretos de modo celoso porque sentía que debía hacerlo. Algunos sentían que esto le hacía mal. No obstante, el fotógrafo Mick Rock recuerda que Mercury tenía algunas relaciones con mujeres. También, Mercury sostenía una apasionada relación con su pareja de muchos años, Mary Austin, una glamurosa joven que conoció en Biba, una casa de modas londinense.

Para el lanzamiento de A Day at the Races, disco de 1976, Mercury había estado comportándose de modo extraño con Austin. “Podía ver que se sentía mal por algo”, dijo en el documental Freddie Mercury: The Untold Story. “Fue un alivio escucharlo de él”. Desde ese momento, declaró Austin, Mercury no sintió tener la obligación de explicar su sexualidad a nadie. Tampoco toleró difamaciones baratas. En Queen: The Early Years, hay una historia de alguien que trabajó con la banda en Manchester: “Queen había tomado el escenario, y un tipo gritó a Freddie, ‘pinche marica’… Freddie pidió que las luces se posaran sobre el tipo. Entonces le dijo: ‘Dilo de nuevo, cariño’, y el tipo no sabía ni dónde meterse…”.

Si acaso la homosexualidad de Mercury fue motivo de controversia para los miembros de Queen, nunca se hizo público. Además, otras dificultades apremiaban. En 1976, el movimiento punk comenzó a dividir el rock, haciendo a un lado bandas como Queen. “La ilusión que perpetúa Queen está siendo destruida”, declaró New Music Express. Incluso, cuando Queen grababa en un estudio al lado de los Sex Pistols, se dice que Sid Vicious le dijo a Mercury: “¿Entonces eres el tipo ese Freddie Platinum que está llevando el ballet a las masas?”. Mercury le contestó: “Ah, Sr. Feroz. Estamos haciendo lo mejor que podemos, cariño”.

Cualquiera que fuere la razón, el sonido de Queen cambió dramáticamente con su disco de 1977, News of the World: Era música más dura, con enormes orquestaciones y armonías que habían sido reemplazadas por novedosas construcciones.

Dos de los temas del álbum, “We Will Rock You” y “We Are the Champions”, son de los más conocidos de Queen. Ambos, ha declarado May, estaban diseñados para ser cánticos de estadio: “Debe ser un ‘somos’ colectivo –nosotros, el público, cualquiera que escuche. No queríamos decir que éramos los mejores como grupo”.

News fue tal vez el mejor disco de Queen. Los LPs subsecuentes –incluyendo Jazz (1978), The Game (1980), The Works (1984) y A Kind of Magic (1986)– nunca lograron tal cohesión estilística ni produjeron tantos éxitos (entre ellos “Under Pressure”, con David Bowie; “Radio Ga Ga”; “Crazy Little Thing Called Love” y “Another One Bites the Dust”), los cuales atrajeron a audiencias más grandes a los conciertos.

Para principios de los años ochenta, Mercury había dejado atrás los complejos looks de la década anterior. Se cortó el cabello, vestía pantalones de piel o ajustados atuendos atléticos y se dejó crecer el bigote. Era el prototipo de lo que se conocía como el “look gay”, algo a lo que el mundo del rock no estaba acostumbrado. Al llevarlo al escenario, Mercury parecía emitir lo más cercano a una declaración sobre su sexualidad.  En algunos conciertos durante su gira por Estados Unidos en 1980, los fans arrojaron navajas desechables sobre el escenario: No les gustaba esta identidad de Mercury y querían que la abandonara. Queen no volvió a Estados Unidos sino hasta 1982. Habían rumores de que algunos de los miembros de la banda culpaban a la imagen de Mercury por alejar a esa enorme audiencia. “Algunos odiábamos eso”, declaró Deacon a Rolling Stone en 1981. “Pero así es él y no puedes cambiarlo”.

La banda continuó como un gigante de las giras. Se volvieron grandes, y los shows fueron espectaculares, lo que parecía actuar en perjuicio de la banda: Para algunos, Queen era industria, no arte. En 1981, Queen hizo su primera gira por Sudamérica. La primera fecha fue en Buenos Aires, mientras una dictadura militar gobernaba a Argentina, resultando en 30 mil muertos durante el periodo. “Estamos tocando para la gente”, declaró Taylor. “No fuimos con una venda sobre los ojos”. Su imagen empeoró en 1984 al tocar en Bophuthatswana, Sudáfrica, en el Sun City Superbowl, pese al mandato del apartheid.

Al tocar en estas naciones, Queen parecía aliarse con el poder. “No me gusta escribir canciones con mensaje”, dijo Mercury en ese tiempo. Eran apolíticos, sin apoyar o censurar el gobierno de un país al tocar para sus ciudadanos. Pero los efectos negativos persistieron. A finales de 1984, cuando Queen no fue invitado a participar en Do They Know It’s Christmas?, evento de caridad organizado por Bob Geldof para recaudar dinero para las víctimas de la hambruna en Etiopía, Mercury estaba verdaderamente herido.

Sin embargo, unos meses después Geldof extendió una invitación a la banda para tocar en el concierto Live Aid de 1985. Queen dudó al principio. Además, habría considerable competencia con Paul McCartney, U2, Elton John, Bowie, The Who y Sting con Phil Collins en el evento, y Queen parecería fuera de lugar dadas las controversias políticas de tiempos recientes. Pero tras tocar, sus miembros se convirtieron en héroes. Elton John los encontró tras escenas: “¡Infelices, se llevaron el show!”, les dijo. “Fue el mejor día de nuestras vidas”, afirmó May. La presentación inyectó nueva vida a la banda. “Creo que somos la mejor banda en vivo del mundo en este momento”, afirmó Taylor, “y vamos a probarlo”. El show estaba a la altura de la declaración: Esto era Queen en toda su gloria. Pero Mercury también estaba teniendo cambios de temperamento impredecibles. Durante una discusión en España, le dijo a Deacon: “No quiero estar haciendo esto para siempre. Esta podría ser la última ocasión”. La banda, dice May, se sintió impactada.

Al final de la gira, la demanda de boletos para los conciertos era enorme, y Queen agregó una nueva fecha final en Knebworth Park el 9 de agosto de 1986, tocando para 20 mil asistentes. Y eso fue todo. Al final del show, Mercury dejó el lugar del concierto rápidamente. Ya no quería ser visto por las audiencias que lo amaban. Queen había tocado su último concierto.

En los años ochenta, el SIDA había comenzado a reclamar víctimas en el mundo. Algunos se referían a la mortal enfermedad como “la plaga gay”, pero pronto se volvió evidente que el padecimiento no discriminaba: Era causado por un virus, el VIH, que debilitaba el sistema inmune y podía ser transmitido por fluidos corporales, incluyendo el semen y la sangre. Se extendía entre la gente que compartía agujas y aquellos con numerosas parejas sexuales. Freddie Mercury pertenecía a la última categoría: “Soy sólo un tipo que se despierta por la mañana, se rasca la cabeza y se pregunta a quién se quiere coger”, dijo en alguna ocasión.

Hay diversas versiones sobre cómo pudo Mercury contraer la enfermedad. Algunos pensaron que era por ello que Queen no ansiaba ir de gira por Estados Unidos después de 1982. El DJ de la BBC Paul Gambaccini recuerda haberse encontrado a Mercury en un club londinense llamado Heaven durante una noche de 1984. Gambaccini le preguntó si el SIDA había cambiado su actitud sobre la actividad sexual. Mercury respondió: “Cariño, mi actitud es ‘al carajo’. Estoy haciendo de todo con todos”. Gambaccini dijo: “Me invadió un terrible sentimiento. Había visto suficiente en Nueva York como para saber que Freddie iba a morir”. Pero Mercury claramente reconsideró su actitud. A finales de 1985, se estableció en una mansión de Kensington. “Vivía para el sexo”, diría más tarde. “Era extremadamente promiscuo, pero el SIDA cambió mi vida”.

Tras confirmar su padecimiento en 1987, Mercury no comentó el asunto con Queen. “Sabía que algo pasaba”, diría más tarde May, “pero no se hablaba de ello”. Mercury insistía que los rumores eran falsos. Algunos amigos habían hecho conjeturas de que había desarrollado un problema hepático dada su manera de beber, aunque durante 1987 Barbra Valentin, ex amante de Mercury, había notado cicatrices en sus manos y rostro: Posibles signos de sarcoma de Kaposi.

Cuando el 13avo álbum de la banda, The Miracle, fue terminado a inicios de 1989, el cantante quería comenzar otro LP en cuanto fuera posible. Esperaba grabar tanto como pudiera, y ahora caía en cuenta de que debía explicar su actitud a sus compañeros de banda. “Nos invitó a su casa para una reunión”, recordó Taylor. Mercury les dijo: “Probablemente ya saben cuál era mi problema. Bueno, eso es, y no quiero que haga diferencia alguna. No quiero que se sepa. No quiero hablar de ello. Sólo quiero continuar trabajando hasta que muera. Quisiera contar con su apoyo”. May diría más tarde que él, Taylor y Deacon estaban devastados. “Fue la única conversación que tuvimos al respecto”.

El saber esto afectó el tono de su nuevo disco, Innuendo. “Era como cerrar filas”, dijo Taylor. Innuendo lidia con el tema de la muerte inminente de una manera memorable y elegante, todo ello sin autocompasión alguna. “Algunas veces, Freddie no podía vocalizar [lo que quería decir], así que, en cierto sentido, Roger y yo lo hicimos por él con las letras. Así que canciones como ‘The Show Must Go On’ en mi caso, o ‘Days of Our Lives’, en el caso de Roger, eran cosas que le dábamos a Freddie para sobrellevar todo a nuestro lado”. Agregó Taylor: “Estábamos decididos a mantenernos juntos hasta el final”.

“Había mucha alegría, por extraño que suene”, recuerda May. “Freddie estaba sufriendo… pero dentro del estudio podía ser feliz y disfrutar lo que amaba hacer… Algunas veces sólo por un par de horas, porque se cansaba mucho. Pero durante esas horas, vaya que daba todo. Cuando ya no podía estar en pie, se apoyaba contra un escritorio y bebía un vodka: ‘Voy a cantar hasta que sangre’”.

“Si no hubiera tenido la música, sé que no hubiera durado”, declaró Jim Hutton, pareja que vivió con Mercury hasta el final de sus días. Mercury dejó de recibir visitas, no quería que vieran su cuerpo degenerarse. Dejó de tomar medicinas, y tenía lapsos de ceguera. Sin embargo, siguió negando los reportes de su condición, hasta que finalmente lo confirmó de manera pública el 23 de noviembre de 1993, lanzando un comunicado. Aquellos que lo atestiguaron dicen que parecía más tranquilo tras hacerlo. La siguiente noche, Hutton advirtió que el cantante, postrado, había dejado de respirar. Freddie Mercury tenía 45 años de edad.

El funeral ocurrió unos días después, con una ceremonia zoroastriana. Aretha Franklin cantó, y la soprano Montserrat Caballé interpretó un aria de Verdi. El cuerpo de Mercury fue cremado, sus cenizas fueron llevadas por Mary Austin a un lugar que jamás reveló. Tras el concierto que ofreció en abril del mismo año para presentar el Mercury Phoenix Trust (mismo que sigue recaudando dinero para varias organizaciones contra el SIDA), la banda se separó durante 13 años. Deacon se retiró por completo, excepto por las sesiones realizadas para el álbum final del cuarteto, Made in Heaven (1995).

“Nunca he superado su muerte”, dijo más tarde Taylor. “Ninguno de nosotros lo pudo superar. Creíamos poder aceptarlo, pero subestimamos el impacto de su muerte en nuestras vidas. Todavía me es difícil hablar de ello”.

Muchos tuvieron problemas entendiendo la manera en que Mercury vivió y murió. Sin embargo, si la música ha de revelar algo sobre él, puede notarse una especie de búsqueda por la redención. Canción tras canción cantó sobre la mortalidad, la desolación y la esperanza. Pero en lugar de buscar refugio, Mercury buscó el éxtasis durante la mayor parte de su vida, y pagó un alto precio por ello. En una de sus mejores canciones, “Don’t Stop Me Now”, delineó clara y alegremente su manera de afrontar la vida: “I’m a rocket ship on my way to Mars/On a collision course/I’m a satellite  out of control/I’m a sex machine ready to reload”.

La mejor canción que Mercury cantó en sus últimos años fue “These Are the Days of Our Lives”, escrita por Taylor, y habla sobre aceptar lo que has hecho de tu vida y mirar hacia tu partida con certera gracia. Éstos, los últimos momentos de Mercury frente a una cámara, lo revelan visiblemente demacrado, pero totalmente presente, listo para mirar hacia arriba, abrir los brazos y decir todo lo que le faltaba decir: “Those were the days of our lives– yeah/ The bad things in life were so few/ Those days are all gone now, but one thing’s still true/ When I look and I find/I still love you… I still love you”.

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