"Tomorrow Never Knows", 54 años de 'Revolver' de The Beatles

El último y más agresivo tema de Revolver de The Beatles fue el primero en ser grabado.

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'Revolver' de The Beatles

El último y más agresivo tema de Revolver de The Beatles fue el primero en ser grabado: en él se dio a conocer la respuesta rápida y emocionada de Lennon al gran escape del LSD. En ácido, Lennon encontró su primer alivio verdadero ante un mundo real y la celebridad de la banda, un espacio alternativo de éxtasis y de autoexamen para volver a crear con la colaboración de los otros Beatles. De repente, el avance de la modernidad poética y rústica de Rubber Soul –lanzado sólo cinco meses antes de estas sesiones, en diciembre de 1965– era noticia vieja.

En comparación con el zumbido del balanceo, los efectos de cinta y vocales fuera del cuerpo que dominaban el viaje de Lennon están aquí, aunque el resto de Revolver suena como una mutación en el proceso: The Beatles siguió sus impulsos liberados como músicos y escritores, a través del ácido, en forma de canción pop. No había ningún otro lugar para este tema en el álbum, que al final. “Eleanor Rigby”, “I’m Only Sleeping”, “Love You To” y “She Said, She Said” fueron pasos audaces hacia lo desconocido.

El arte de samplear en la música popular, de hecho, comienza aquí. En enero de 1966, mientras viajaba, Lennon tuvo la precaución de consultar The Psychedelic Experience, un manual escrito por el predicador del LSD, Timothy Leary (con Richard Alpert y Metzner Ralph). El libro en sí era una paráfrasis ampliada de los conceptos budistas, incluyendo la reencarnación y la muerte del ego en El libro tibetano de los muertos.

Lennon tenía una grabadora de cinta y leía pasajes de The Psychedelic Experience, cuando “volaba”. No tardó en escribir una canción utilizando algunas de las líneas de Leary, incluyendo su descripción del estado de gracia más allá de la realidad. Lennon incluso lo utilizó como título del trabajo “The Void”. The Beatles lo captó con extraordinaria rapidez.

'Revolver' de The Beatles

Les llevó sólo tres intentos para obtener un master con el ritmo del tema, impulsado por Starr y un incesante tamborileo sugerido por McCartney. La mayoría de los overdubs fueron creados y grabados en la noche del 6 de abril y la tarde del 7, un total de 10 horas. No hay nada en “Tomorrow Never Knows” –el solo de guitarra al revés, el sonido de la cítara de Harrison, las vocales de Lennon a la deriva en lo que se siente como el otro lado de la conciencia– que no se dosificó más allá del reconocimiento normal.

El espacial sonido tableado de Starr, era él tocando en dos tom-toms flojamente afinados, comprimidos y rociados con eco. Los loops se crearon utilizando un mellotron, imitando una flauta y tonos de cuerdas; los sonidos de gaviota eran una grabación alterada de la risa de McCartney o una guitarra.

Lennon esperaba sonar como acostumbraba. “Quiero que mi voz suene como el Dalai Lama cantando desde la cima de la montaña, a kilómetros de distancia”, proclamó en el estudio. El ingeniero Geoff Emerick logró ese sonido mediante la ejecución de la voz de Lennon a través del altavoz giratorio de un gabinete, que había sido conectado con el órgano Hammond, en Abbey Road. El resultado fue el cielo y la tierra combinados, una exuberante y ondeante plegaria, entregado en el tono nasal de Lennon, el chico duro de Liverpool.

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“¡Eso es maravilloso!”, exclamó John varias veces después de escuchar su efecto; la reacción de McCartney era igualmente feliz: “¡Es el Dalai Lennon!”. Irónicamente, todo el tiempo, hasta la última mezcla del 22 de abril, la canción fue incluida en las hojas de registro de Abbey Road con otro título, “Mark 1”. Starr se le ocurrió algo mucho mejor. La línea no aparece en la letra de Lennon. Lo que Starr quizo decir, era “Tomorrow Never Comes”. Se equivocó: Llegó, en la reverberación y el tecnicolor, con la promesa de éxtasis, al final de Revolver.

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