Taylor Swift entra a la cocina de su madre en Nashville, sonriendo. “Necesito a alguien que me ayude a teñirme el cabello de rosa”, dice, y momentos después, sus puntas combinan con su brillante esmalte de uñas, sus tenis y las rayas de su camisa. Todo está en consonancia con la estética pastel de su nuevo álbum, Lover. Taylor Swift, de 29 años, se sienta en la oficina de su madre para conversar durante unos minutos. La sala de paredes negras está decorada con fotos de rock clásico en blanco y negro, que incluyen fotos de Bruce Springsteen y, como era de esperar, James Taylor; también hay tomas más recientes de Swift posando con Kris Kristofferson y tocando con Def Leppard, la banda favorita de su madre.

En un rincón está la guitarra acústica que tocaba cuando era adolescente. Probablemente compuso algunas canciones famosas con ella, pero no se puede acordar de cuáles. “Sería raro terminar una canción y decir: ‘Y este momento será recordado’”, dice, riéndose. “‘Esta guitarra ha sido bendecida con mi toque sagrado’”. Horas después, seguimos nuestra conversación más a profundidad en el departamento de Swift en Nashville, casi exactamente en el mismo lugar en el que hicimos una de nuestras entrevistas para el artículo de portada de Rolling Stone Estados Unidos en 2012. En estos siete años, casi no ha cambiado su decoración extravagante (una de las pocas adiciones es una mesa de billar en reemplazo del sillón en el que nos sentamos la última vez), así que es una cápsula del tiempo de la vieja Taylor. Sigue habiendo un conejo gigante hecho de musgo en un rincón, y una jaula para pájaros tamaño humano en la sala, aunque la vista que ofrece la ventana es ahora de otros edificios de departamentos genéricos, en lugar de las colinas verdes que se veían en el pasado. Swift ahora está descalza, con jeans azules y una camisa azul atada en la cintura; tiene el pelo recogido, y casi nada de maquillaje.

¿Cómo resumir los últimos tres años de Taylor Swift? En julio de 2016, luego de que Swift expresara su descontento con “Famous”, de Kanye West, Kim Kardashian hizo lo posible por destruirla, publicando grabaciones clandestinas de una conversación telefónica entre Swift y West. En aquel audio fragmentado, se puede escuchar a Swift aceptando la frase “Me and Taylor might still have sex” [“Taylor y yo quizás tengamos sexo”]. No la escuchamos enterarse de cómo sigue la letra, la que ella dice que le molesta –“I made that bitch famous” [“Yo hice famosa a esa perra”]– y, como va a explicarnos, su versión de la historia es más compleja. Las reacciones negativas fueron rápidas y abrumadoras. Aún no han desaparecido del todo. Ese mismo año, Swift decidió no apoyar a nadie en las elecciones de 2016, lo cual definitivamente no ayudó. Frente a todo esto, ella hizo Reputation –un pop casi industrial, feroz e ingenioso, compensado por canciones de amor de una belleza cristalina– y tuvo una gira de estadios enormemente exitosa. En ese entonces, conoció a su novio actual, el actor Joe Alwyn, y, a juzgar por algunas canciones de Lover, la relación es de hecho muy seria.